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dc.contributor.authorAguirre Moreno, Arturo
dc.date.accessioned2010-02-18T13:10:27Z
dc.date.available2010-02-18T13:10:27Z
dc.date.issued2010-02-18T13:10:27Z
dc.identifier.urihttp://hdl.handle.net/10391/769
dc.description.abstractA lo largo del siglo XX la reflexión filosófica sobre la educación y la antropología cultural sustentó, desde diversas posturas y pensadores, la conciencia franca de que la existencia humana se desarrolla en un orden complejo y de constante búsqueda de lo mejor de sí (bajo parámetros individuales, comunitarios e histórico-culturales). Las instancias vitales del desarrollo del existir, es decir, el vivir mismo, parecía apuntar a la idea de que el hombre se encuentra a la intemperie, de que su llegada al mundo está colmada de las más variadas circunstancias que lo exponen en el espesor de su piel y de su temporalidad a la constante angustia de ser sí mismo y el peligro de la finitud. Dicha intemperie tiene su intensificación y muestra en la infancia, dado que la fragilidad de la existencia humana se evidencia con todos sus dramáticos rasgos y sus asombrosas posibilidades en los “nuevos venidos al mundo”: los niños. Husserl, Bollnow, Freud, Arendt, Levinás, Ortega y Gasset, Merleau Ponty, Eduardo Nicol, R. S. Peters, María Zambrano y un conjunto más de pensadores del más variado linaje, aportaron los elementos para meditar rigurosamente sobre lo que implica la temporalidad, la comunidad y la cultura que se encarna en los infantes y que son responsabilidad de los mayores (no sólo contemporáneos, sino, a su vez, de la herencia que dejamos a los que inexorablemente vendrán después de nosotros). Así, frente a la intemperie, está el recibimiento del mundo, de un entramado simbólico que generamos compartidamente y al que llamamos cultura e historia, siempre fraguado con nuestras acciones y nuestras ideas. El patrimonio cultural, su transmisión y su recibimiento son tarea de una comunidad activa, consciente y atenta de su hacer (en lo cual la reflexión filosófica y el pensamiento en general son cardinales), donde todos hemos de participar para darle forma a la existencia y ser más apropiadamente en el mundo. Ahora que, según el análisis detenido, el siglo XXI es heredero de las inercias y emergencias del siglo anterior —las situaciones con énfasis bélicos, los desórdenes sociales, las irrealizaciones personales en aras del consumo y los exilios, así como las migraciones masivas— corresponde meditar sobre esta intemperie desmesurada, que más que un asunto de teoría es una facticidad cotidiana, en donde la cultura y la educación habrán buscar las formas de desarrollarse frente a las tareas pendientes.es_MX
dc.description.sponsorshipCONACYTes_MX
dc.language.isoeses_MX
dc.subjectFilosofia de la educaciónes_MX
dc.subjectcultura educación mundo contemporáneoes_MX
dc.titleA LA INTEMPERIE Y EL RECIBIMIENTO EN EL MUNDOes_MX
dc.typeConferenciaes_MX


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